Inspeccionar el vaso de la piscina

El primer elemento que debe revisarse es el vaso de hormigón o material. Es importante recorrer lentamente toda la superficie interior, observando paredes, piso, escalones y esquinas.

Las microfisuras superficiales son relativamente comunes después del invierno debido a la contracción y dilatación que producen las bajas temperaturas. No todas representan un problema estructural, pero conviene identificarlas y sellarlas antes de llenar completamente la piscina o aumentar la presión del agua.

También es recomendable prestar atención a manchas de humedad, desprendimientos del revestimiento o zonas donde la superficie presente un aspecto diferente al resto, ya que pueden indicar una filtración incipiente.


Revisar el revestimiento y las juntas

El revestimiento interior cumple una doble función: aporta estética y actúa como protección impermeable de la estructura. Después del invierno es conveniente verificar que no existan piezas sueltas, venecitas desprendidas o juntas deterioradas.

Las juntas cementicias o epoxi pueden presentar pequeñas fisuras provocadas por los cambios térmicos. Si se detectan a tiempo, su reparación es sencilla y evita que el agua penetre detrás del revestimiento.

En piscinas pintadas, también es importante observar si existen ampollas, descascaramientos o pérdida de adherencia de la pintura, señales de que puede ser necesario renovar la protección superficial.


Control del perímetro y la playa húmeda

La estructura de una piscina no termina en el vaso. Los bordes y la playa húmeda también deben inspeccionarse cuidadosamente.

Algunas señales que merecen atención son:

  • Baldosas levantadas o desniveladas.
  • Grietas en el solárium.
  • Hundimientos del terreno alrededor de la piscina.
  • Separación entre el borde y el revestimiento.

Estos movimientos pueden estar relacionados con asentamientos del suelo o filtraciones subterráneas, por lo que conviene resolverlos antes del uso intensivo del verano.


Verificación del sistema hidráulico

Una revisión estructural siempre debe incluir el circuito hidráulico. Skimmers, retornos, desagües de fondo y cañerías deben comprobarse para asegurar que no existan pérdidas ni obstrucciones.

Antes de poner en funcionamiento la bomba es recomendable revisar las uniones, válvulas y conexiones. Si durante el invierno se vaciaron parcialmente las cañerías como protección contra heladas, este es el momento de volver a habilitar el sistema y comprobar que todo funcione correctamente.

Una prueba sencilla consiste en llenar la piscina hasta el nivel habitual y controlar durante 24 a 48 horas si el descenso del agua supera la evaporación normal.


Señales de alerta que no conviene ignorar

Existen algunos síntomas que justifican consultar a un profesional especializado:

  • Grietas de más de 2 milímetros de ancho.
  • Pérdidas constantes de agua sin causa aparente.
  • Desprendimientos importantes del revestimiento.
  • Humedad persistente en el exterior de la piscina.
  • Deformaciones o movimientos visibles en los bordes.

Actuar rápidamente sobre estos problemas suele reducir considerablemente el costo de reparación y evita que el daño alcance elementos estructurales más importantes.


Preparar la piscina para una nueva temporada

Una vez finalizada la inspección, llega el momento de realizar las tareas de puesta a punto: limpieza profunda, ajuste del pH, revisión del filtro y tratamiento preventivo contra algas. Si la estructura se encuentra en buenas condiciones, estas tareas permitirán recuperar rápidamente un agua cristalina y segura.